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Leonora Carrington: la rebeldía como sello

Jueves, 22 Mayo 2014 14:10 Escrito por Angélica Abelleyra
 
¿Por qué no otorgar poderes cósmicos a los objetos más humildes? ¿Por qué no creer en un universo plagado de sacerdotisas y fantasmas? ¿Por qué no tratar de descubrir una cara compleja del mundo donde podríamos salvarnos de las trampas?
 
Insurrecta y ajena a las simplificaciones, Leonora Carrington (1917) se ha planteado siempre éstas preguntas. Y, sin tener respuestas transparentes, la pintora inglesa las recrea una y otra vez en cuadros, esculturas y grabados. “Para mí, el color, la materia, la tela se han convertido en mi conexión con el mundo. Más que un lenguaje, la pintura para mí es una forma de vida”.
El 6 de abril de 1917, una irlandesa de origen rural y un rico empresario inglés vieron nacer a una niña que sería in-e-du-ca-ble. Primero lo comprobaron los maestros en Clayton Green, Lancashire, Inglaterra, y después lo corroborarían las directoras de dos internados católicos en Chemsford y Ascot, donde la pequeña rebelde sólo se interesaba en dibujar, alimentada por los cuentos populares de Irlanda que su nana le contaba.
 
Ya adolescente, sus padres la enviaron a Florencia y a París para formarla de acuerdo con los cánones de la sociedad monárquica inglesa. Nada más alejado del espíritu de esa muchacha que en 1936 ingresaba a la academia del pintor purista Amédée Ozenfant, en Londres, al tiempo en que se inmiscuía en los universos de la alquimia y el ocultismo.
 
En Inglaterra empezó a descubrir su nexo con el mundo surrealista y también entretejía parte de su futura vida con Max Ernst, ese pintor con el que huyó a París a finales de los treinta. Instalados ya en el sur de Francia, con proyectos de trabajo realizados al alimón como la escenografía para teatro Ubú rey, ella sin embargo continuó en la elaboración de cosmos plagados de sueño, no sólo en pintura sino también en la confección de relatos cortos integrados en La dama oval, publicado en 1939 con ilustraciones de Ernst, quien ese año fue encarcelado por los nazis, con la consecuente huida de Leonora hacia España al ver que no lograría el rescate de su pareja. En Santander emprendería uno de sus viajes hacia el mundo del delirio: luego de una crisis nerviosa, ingresó a una clínica siquiátrica durante seis meses, a petición de su familia.
 
En 1941 su padre solicitó la transferencia de Leonora hacia el sur de Africa, pero ella fue a Lisboa, logrando un refugio en la embajada de México. Allí encontró al escritor Renato Leduc, quien casó con la artista para ayudarla a obtener el visado y un viaje a México. Antes la pareja vivió en Nueva York, hasta que en 1942 vino a tierra azteca para integrarse a la vida artística.
La escritura de Carrington quedó plasmada en la pieza de teatro Penélope (1946), llevada a escena por Alejandro Jodorowsky en 1962; en La porte de pierre (La puerta de piedra, 1976) y Pigeon volé (Palomo al vuelo, 1986). Sin embargo es en los libros The seventh horse (El séptimo caballo y otros cuentos) y The house of fear (La casa del miedo. Memorias de abajo) donde las reflexiones, sueños y pesadillas de Leonora tienen amplia difusión.
 
Centenares de dibujos, acuarelas, temples, esculturas, tapices y el mural El mundo mágico de los mayas (1963, Museo Nacional de Antropología) conforman su sistema solar; universos llenos de conceptos más que de sentimientos; pintura indescifrable, y cuadros alejados de lo convencionalmente conocido como lo femenino, lo bello y lo bien hecho, dan paso a versiones creativas del mito céltico, la cábala, el budismo tibetano y el gnosticismo. Un cosmos en metamorfosis constante de esta mujer en su interminable viaje cargado de frenesí ante el mundo.

Texto publicado originalmente en La Jornada Semanal (08/agosto/99). Integra el libro editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León
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