La escritura secreta
por Lelia Driben
Hablar o escribir sobre la obra de Susana Sierra es penetrar en el camino de una larga, elaborada y con justicia consagrada producción que, pese a los cambios necesarios, siempre es fiel a sí misma. Además, sucede como en muchas otras pinturas abstractas: no es fácil acercarse a ellas tratando de organizar un discurso crítico, aún teniendo en cuenta la tensión que siempre se genera entre el lenguaje de los íconos visuales y el de los signos escritos. Es como si cada cuadro, su articulación abstracta, se replegara en sí, en el rumor apenas audible o perceptible de sus formas y puestas de la pintura, de modo tal que excluye a otros lenguajes, los aparta, los llama al silencio. No hay otra posibilidad si se desea enfocar la pintura de Susana Sierra que tratando de vencer esa resistencia. Por otro lado, es necesario una vez más, mencionar la inserción de la pintura de esta artista en el arte mexicano del siglo XX y decir, al respecto, que la propuesta visual de Susana Sierra es heredera del informalismo catalán y, en parte, del expresionismo abstracto norteamericano. Capa tras capa, pintura sobre pintura, los cuadros de esta exposición parecen segregar un enigma indeleble y simultáneamente tenue. Este procedimiento explicado por su autora, nos coloca, desde el principio, frente a una pequeña historia escondida de la que, en una y otra superficie, quedan mínimos asomos, vestigios. Desde siempre, Susana valoriza de manera autónoma el espacio en el que luego engendrará análogos juegos iconográficos que, salvo excepciones, como algún rectángulo muy libre en su conformación, alternan el anuncio o el grafo final, interrupto, de las formas. Al mismo tiempo, la pintora ha reducido el espesor matérico que antes definía no sólo la consistencia icónica de lo pintado, sino también un habla preformal. Esa habla continúa aún aunque, insisto, adelgazada; y sobre ella, Susana expande laberintos de trazos y señales, con las cuales completa la condición de habitabilidad del espacio, contra lo que se puede señalar como superficie o plano donde las formas simplemente se apoyan.
Con una apertura hacia tonos que exceden al gris, al negro y al siena, la autora utiliza en su último conjunto de cuadros colores como el azul, el rojo, un naranja velado, el blanco tiza y el amarillo. Y junto a ellos aparece un despliegue de garabatos que, tal cual lo enuncia su nombre (garabato), componen la escritura del cuadro, una escritura asignificante, ignota, devuelta sobre sus propias modulaciones y grafismos, para nombrar, con toda la densidad del nombre, su arreferencial secreto. Además, la actual muestra incluye una serie de objetos o formas volumétricas y en relieve bien logradas: las esculturas o arte-objetos hechas con resina, cuyo interior guarda varias figuras hechas en alambre muy estilizadas; estas mismas flores alambres se repiten incrustadas en mallas metálicas.
Mientras haya pinturas abstractas o figurativas, que puedan interconectar la subjetividad entre el cuadro y el observador, así como entre pintor y observador, el acto pictórico estará cumplido. Lo digo de otro modo: mientras la pintura sea aún capaz de estremecernos, habrá valido la pena. Esto es lo que ocurre con las pinturas de Susana Sierra.
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Susana Sierra
por Rafael Pérez y Pérez
La pintura de Susana Sierra aspira a ser una pintura metafísica, basada en la expresividad y el misterio, buscando a través de su particular lenguaje una trascendencia no desprovista de elementos esotéricos.
Su obra está situada entre la abstracción lírica y la expresión caligráfica, en la cual la carga emotiva es recogida en cada pieza utilizando acertadamente las técnicas visuales para obtener eficazmente una significación espiritual.
En este sentido podemos decir que el conjunto reunido bajo la muestra Códigos, trata de obras simbolistas y expresionistas, en las que recurre a la abstracción para traducir el sentimiento y significado del universo y la dimensión de la trascendencia del firmamento.
En la obra de esta creadora es posible apreciar una evolución continua que va del informalismo a la abstracción matérica, manteniendo en todo momento una calidad gestual en su trazo así como un lirismo y un automatismo depurado en la aplicación del color; sin embargo las características mas sobresalientes son su refinamiento en la aplicación de las texturas y el equilibrio compositivo de sus telas.
En su obra se aprecia también una intención de caligrafismo de factura lisa y temática onírica, creando un nuevo género “orientalista” que evidentemente se encuentra ligado al pensamiento “del cielo y la tierra” rescatado del paisajismo taoísta.
Su pintura usa como un ejemplo la mentalidad ecológica, evidente en la comunión con la naturaleza, la cual se descubre al intuir un alejamiento de lo antropocéntrico o ausencia de representación del ser humano, dejando ver el paisaje a través del color y la mancha, y la acción del hombre en la discreta grafía, para crear una correspondencia hombre-naturaleza.
Asimismo se puede apreciar su equilibrada composición simétrica en la que da igual valor al espacio que generan sus atmósferas y a la forma representada mediante el grafismo lírico, indescriptible e intraducible, producto de la automatización del pensamiento sobre el lienzo; piezas en las que se evidencia una combinación de perspectivas múltiples, en las que se disminuye el impulso egocéntrico al imponer su perspectiva única el individuo expectante ubicado en este tiempo y espacio, y en las que se supera el ego de la artista, trascendiendo mas allá de la dualidad existente entre el creador y su creación.
En este sentido podemos afirmar que la obra de Susana Sierra es abstracta y matérica a la vez en la que persisten el color y las semejanzas informalistas reflejadas en grafías a manera de códigos por los que forma articulaciones iconográficas.
www.susanasierra.com
www.arteven.com/susana_sierra.htm
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