Inda Sáenz Pintora  
     
 

Inda Sáenz : de mujeres y de historia
Por Angélica Abelleyra

La historia del arte la ha enriquecido profundamente. También la historia de algunas mujeres artistas. Y con ellas y por ellas, Inda Sáenz (DF, 1957) se espejea, copia de añejos estilos del siglo XVI al XX y añade su propia manera de pintar la cotidianidad que le toca en el XXI. Con humor, con oficio, con deseos por no repetirse, le da la mano a la figuración para enriquecerse pero luego se la suelta para apoyarse en otros caminos que han ido de la abstracción al constructivismo, del uso espacial a partir de Jean Genet y Roberto Matta, del retrato a la naturaleza muerta. Todo, a fin de apasionarse con la pintura más que imponerse conceptos; de divertirse antes que aspirar a las aceptaciones.

Maestras, discípulas y alegorías es su más reciente serie donde alió ese interés en la historia del arte y el devenir creativo de algunas mujeres. Artemisia Gentileschi, Clara Peters, Judith Leyster, Angélica Kauffman, María Izquierdo y Natalia Goncharova deambulan en cuadros que Inda copió de aquellos autorretratos hechos hace cinco centurias o cincuenta años y les añade un toque personal que nos las trae al presente.

Esa práctica, la de la copia, tan devaluada y en desuso hoy en las escuelas de arte, ha sido su interés permanente. Cuando estudió dibujo y pintura en la ENAP y durante su maestría en Artes Visuales en esa escuela de la UNAM, vivenció el faltante. Mientras el dibujo al natural y el empleo de modelos era ejercicio casi cotidiano, la copia de obras maestras se volvía prohibida ante el imperativo de la “originalidad”. Pero ella se hacía una pregunta que reverberó en su cabeza por años: ¿cómo apre(he)nder un lenguaje pictórico que tiene siglos de desarrollo si no es acercándote humildemente a él por medio de una copia, lo mejor que puedes?.

La cuestión no tuvo respuesta inmediata. Sin embargo Inda ejercitó la copia de cuadros, retomó imágenes de grabados y fotografías más actuales y aprendió de la paleta de pintoras italianas, holandesas, alemanas y mexicanas. Por supuesto, en ella siempre ha estado lejos la intención de trasladar fielmente la imagen al grado de intentar la falsificación porque cambia  formatos y colores o añade elementos que le dan un toque personal a cada tela.

Así, la copia ha sido su manera de acercarse a las creadoras que le fascinan por su estilo o su vida que, dicho sea de paso, estuvo borrada por la sociedad y la academia de su tiempo. De Artemisia a María Izquierdo, del 1600 al 1940 y tantos, los obstáculos son tan parecidos en sociedades que le han hecho la vida difícil a las mujeres artistas. O al menos le han puesto más piedritas en el camino que a sus colegas varones.

Interesada además en la teoría del arte feminista y en la educación artística femenina que ha investigado a partir de un seminario del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM, Sáenz ha multiplicado sus intereses como pintora. Con carga desoladora y monocromática, ha hecho series homenaje a Genet (Escenarios para Jean Genet, 1995) y ha integrado a su lenguaje las pautas del constructivismo ruso o el vocabulario de Torres García o Lam o Matta con sus particulares entramados (La construcción de lo imposible, 2000).

Con más exposiciones en espacios públicos universitarios que en galerías privadas, mantiene su práctica del dibujo, prueba una y otra vez en los retratos de las mujeres pintoras, insiste en sus vanitas (alegoría de la vanidad de la vida) y en el tratamiento de la forma de los objetos. De vez en cuando, incluye su propia imagen en los retratos de forma ligera y divertida, dándose total libertad para apropiarse de lo ajeno y reinterpretar lo propio.

Publicado en La Jornada Semanal, 18 de diciembre de 2005



inda.saenz@gmail.com
 
     
 
 
 
 
 
Sólo tienes que pasar el puntero sobre la viñeta para apreciar la obra en tamaño mayor.

 

1. Nuevo paisaje zapatista, II
Óleo sobre tela
140 x 110 cm
2008

2. Atalanta
Óleo sobre tela sobre tabla
30 x 30 cm
2006

3. Melancolía y piezas del Museo de Bagdad
Óleo sobre tela
125 x 115 cm
2004

 

 

 

     
 
 

 

 
   


 
 
       

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