Betsabeé Romero Artista visual  
     
 

Betsabeé Romero: el arte, una forma de resistencia
Por Angélica Abelleyra

Estudió comunicación en sus ramas de la filosofía y la semiología. Pero pronto advirtió que su camino de la resistencia no se podía dar a través de los medios de comunicación ni a partir de la teoría o el llano análisis. Entonces Betsabeé Romero (DF, 1963) se refugió en el arte: esa forma de conocimiento que le ha ayudado a entender la temperatura de cada instante y las sutilezas de esas microhistorias que la confrontan, la sublevan. Y a partir de la relectura de las fronteras –más que geográficas, mentales y espirituales- y de un  rescate de los símbolos de Ciudad de México, ella da fe de sus complicidades.

Por medio de metáforas, se vuelve cómplice de los migrantes, de los mecánicos, de los hombres y mujeres colocados en situaciones límite. Con ex votos pintados sobre cofres de auto, en espejos retrovisores esmerilados, en llantas de coche grabadas con grecas y flores, Betsabeé explora las condiciones complejas de la identidad, el sentido de pertenencia, las raíces.

Su abuelo postizo fue Luis González Obregón. No lo conoció pero en casa la biblioteca familiar estaba repleta de volúmenes del México viejo. Además, ella supo de la vocación de aquel cronista por relatar con detalles y desenfado las microhistorias que conformaron el México de antaño. Y ese sentido de historia con minúsculas le apasiona. Cree que es allí donde el arte hace su tarea y donde ella traza mapas de las microutopías que inventa.

Utopías, una palabra que no logra asir. Y sin embargo la adoptó como suya aun con los fracasos universitarios (se formó en la Iberoamericana) de formar estaciones de radio alternativas o proyectos colectivos de comunicación. Veía con nostalgia los esfuerzos en grupo de los artistas que en 1968 lograron proyectos contestatarios, y comprobó finalmente que sólo el camino del arte le daría las herramientas para construir su sentido de cultura de la resistencia.


Estudió la maestría en artes visuales en San Carlos, pero su aire trasnochado de Escuela Mexicana de Pintura y los colegas centroamericanos que todavía en los años ochenta buscaban la panacea muralista, hizo que viajara a París y allá hiciera otra maestría en el Louvre.

En la lejanía refrendó su profundo interés por experimentar con el paisaje urbano y rescatar lo que había quedado de aquella región más transparente del Valle de México, aquella ciudad de los palacios. Desde entonces le inquieta la falta de orgullo que en general los mexicanos tenemos de nuestro paisaje urbano y lo proclive que somos a rescatar sólo sus horrores.

Llantas, coches, vírgenes de Guadalupe –o su halo previsto en mantos, flores, destellos, calacas, petates, autopartes, taxis desvencijados, enterrados en arena o ahogados en fuentes, son por tanto los iconos de los que echa mano. Son sus grandes capitulares para “escribir” sus microhistorias del Valle de México: una región donde conviven demasiados contrastes que le duelen y la mueven a la crítica visual mediante sus piezas e instalaciones in situ.

Su obra se ha presentado en Nueva York, Los Ángeles, Idaho y Chicago (EU), Canberra (Australia) y varios espacios de México, entre los que destacan su vecina, la colonia defeña Buenos Aires y otro espacio urbano sui generis que la marcó de por vida: Tijuana (Baja California). Allá y en sus talleres dirigidos a los latinos en EU –donde paradójicamente casi no acuden mexicanos sino migrantes de origen europeo- ha comprobado la capacidad del arte para traspasar esas fronteras y generar complicidades. Sin un lenguaje literal de por medio, con su arte Betsabeé hace un homenaje a las manos que son fuerza de trabajo en el país vecino, y reconoce la profunda adaptabilidad a una cultura que han hecho suya con la introyección de “su” México a través de los frijoles que prepara la tía o el zapoteco que todos hablan.

Con estos intereses multiplicados en Tijuana y la Buenos Aires, en Cuernavaca y Brasil, Betsabeé recupera esas microhistorias y las reinventa para perseguir sus propias utopías.

Texto publicado en La Jornada Semanal, 28 de octubre de 2007.


www.arte-mexico.com/betsa/index.htm

 
     
 
 
 
 
 
Sólo tienes que pasar el puntero sobre la viñeta para apreciar la obra en tamaño mayor.
 

1. Un camion jardin
Como un jardín en un pajar

2. Exodo
nstalación de 6 partes de carrocerías de VW Sedàn
con diferentes tipos de equipaje en el techo:
petates, bolsas del mercado, cajas de cartón, cajas de plástico
Faro Oriente, México, 2007

3. Cuerpos Vestidos II
2 Cubiertas de algodón para carro pintadas
Dos carrocerias reales o simuladas
Bienal Del Cairo 2006

 

     
 
   
 
       

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