El equipo
Por Laura Quintanilla
El eterno poder femenino representado por la muerte galopante en un mundo de grandescontrastes, donde las guerras y la violencia parecen imperar, y donde afortunadamente también tenemos momentos felices que se dan al mismo tiempo pero en diferentes planos dimensionales, se ven unidos por un equipo de básquetbol de los años 30’s con la insignia representativa de una ilusión en una ciudad devastada por la guerra a la que se integran en un día incierto y que sólo puede ser resuelto trabajando en equipo para poder renacer. Alejándose en un cielo nublado por el humo, los bombarderos se llevan consigo el dolor, el sufrimiento, la pobreza y la desesperanza para que nazca en nosotros un nuevo día con un porvenir más luminoso y constructivo.
En este cuadro fue un reto lograr plasmar en una imagen lo terrible, lo grotesco y lo trágico con una situación inverosímil y que en conjunto logre transmitirnos una escena de singular belleza.
Dos lecciones
Por Ernesto Sosa 2011
La generación y transmisión de conocimientos es uno de los grandes prodigios de
la cultura. Nuestra percepción de cómo se crea conocimiento se ha transformado
radicalmente, conforme la ciencia avanza en los grandes misterios del cerebro
humano. Cada vez que avanzamos nos damos cuenta de la gran complejidad del
proceso cognitivo. La mente es ese laberinto en el que los desolados urbanitas
de hoy nos perdemos constantemente, pese a que --gran paradoja-- sabemos más que
antes; de hecho sabemos más que ningún otro hombre desde la aparición de los
homínidos.
Laura Quintanilla nos presenta dos lecciones; en la primera, con el fondo
del laberinto y el faro una mujer transmite sus conocimientos a un niño. Esos
son los elementos visuales básicos, pero las connotaciones simbólicas
son inagotables. ¿Acaso no fue un faro el símbolo de la ciudad que creó la más
importante biblioteca que atesoró el conocimiento de la antigüedad?
El hombre ha buscado siempre respuestas universales, no sé si la prodigiosa ciencia contemporánea ha logrado dar algunas. En cualquier caso, parece que no
ha sido suficiente el conocimiento racional y muchos siguen preguntando --me
incluyo--. Porque de otra manera cómo podríamos explicarnos el auge religioso al
que asistimos. Hay una necesidad de creer. Será, como sostiene el
científico Antonio Damasio, que la idea religiosa se aloja en un rincón de nuestro cerebro o seguimos a la búsqueda de alternativas a nuestros dilemas
existenciales.
La segunda lección plantea más interrogantes. Los personajes se transmiten el conocimiento a partir de aparatos. El conocimiento es técnica y la técnica se
disocia de la naturaleza. El conflicto de nuestro tiempo es la sociedad
tecnológica enfrentada a una naturaleza lastimada, quizá irreparablemente, por
el hombre. Sin embargo tal vez sólo el conocimiento científico-técnico podrá abrir vías de solución en este camino sin retorno.
Las "neuronas espejo" o el mundo subatómico nos permiten conocernos más, nos dan más claves sobre lo que nos rodea; de qué manera nos transforman, no lo sé.
Pero aquí tenemos dos pinturas que con su calidez y carga simbólica nos ponen a
pensar.
e-mail Laura Quintanilla
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