Jeannette Betancourt Artista Visual  
     
 

Gabriela Gutierrez

La vida propia del vacío
por Santiago Espinosa de los Monteros
México, Marzo 2009

Desde siempre el trabajo de Jeannette Betancourt me ha producido la sensación de que me he perdido de algo por muchos años... Sucede simplemente que uno anda por la vida entendiendo el mundo de una u otra manera, desenfadado generalmente o preocupado a medias por eso que nos rodea, pero pocas veces nos detenemos ante esa otra dimensión que implica no sólo la tridimensionalidad que incluye en su interior otro espacio, sino que mucho menos caemos en la cuenta de que hay posibilidades de leer todo aquello que nos rodea como si fuese lo opuesto a lo que miramos.

Si nos diese por tomar el mundo, vamos, el planeta entero en el que estamos parados, y lo pudiésemos partir por la mitad como si fuera una naranja y después voltearlo de manera que quedase fuera lo que antes estaba dentro, quizá la idea de eso que tendríamos en las manos se aproximaría grandemente al trabajo de Jeannette Betancourt.

Ruego los perdones del caso por una comparación tan poco elaborada, casi elemental, pero no se me ocurre otra para describir la inquietante manera que tienen sus piezas para relacionarse con un mundo no imitándolo ni tampoco excluyéndolo, más aún, ni siquiera intentando abrirse un espacio dentro de él, sino conteniendo el suyo propio y, en acto de generosidad visual, permitiéndonos verlo y adentrarnos en su fascinante misterio.

Cuando miramos la pieza Hipertropic, instalación hecha con malla plástica, evidentemente entendemos que se trata de la reconstrucción de un organismo marino, como lo son las algas. Su descontextualización es tan fuerte que aunque entendemos que esa visión de lo imposible ante nosotros es inviable, nos queda claro que la sensual y extraña forma se mueve ante nosotros silenciosamente con la corriente del agua y más aún, refleja en tierra los colores y las luces que parecería que se robó del fondo del mar.

¿Qué sucede con estas obras que dan la espalda al espacio que prototípicamente debería contenerlas? Pues sucede que son independientes de las tradicionales normas de la existencia de la tridimensionalidad. Ellas mismas tienen sus propias reglas y con ellas transitan para aparecer ante nosotros como engañosas formas sencillas; no lo son. Más aún, su grado de complejidad es tal que se podría desarrollar una larga descripción de los espacios que contienen, esos que han atrapado y de los que son sin duda las dueñas absolutas.

La utilización de materiales como la malla, el hule o el tul nos sitúan ante una escultura que ha sabido leer lo que está fuera de ella, pero siempre desde su interioridad. Su vida va más allá incluso que el espacio en el que han sido situadas. Endémicas, por ejemplo, hace un comentario certero sobre el tema de las migraciones, la globalidad y la transterritorialización de las ideas. Estos objetos, similares a bulbos o semillas han sido “sembrados” en las laderas de un castillo en Dénia, España, con toda su carga de latinidad de la que las piezas son capaces por sus materiales, sus formas pero sobre todo, por la manera ritual de situarlas sobre la tierra/vientre al otro lado del continente con el secreto de deseo de que germinen.

Pocos materiales quizá, podrían representar de manera tan precisa a los contemporáneos habitantes del mundo: el plástico, las bolsas de maya, aquello que sirve para llevar de un lado a otro del planeta lo indispensable para la sobrevivencia. Las bolsas/semillas/bulbos de tanto en tanto cargan mucho más que nuestros objetos inmediatos; cargan nuestra historia, nuestras necedades y nuestros riesgos... Cargan con nuestro destino nómada que aún si nos quedáramos a morir en el mismo sitio en el que hemos nacido, ya seríamos por muchas razones virtuales habitantes nómadas del mundo.

Es necesario revisar en el trabajo de Jeannette Betancourt la relación entre territorio y memoria, cómo se influencian uno al otro y por supuesto cómo se resignifican con esa interrelación inevitable. Hay un cruce de caminos de los espacios físicos (por llamarles de alguna manera a esos que podemos constatar con la mirada), y los de la memoria. En estas encrucijadas se dan las contaminaciones de unos a otros pero también inevitablemente las fertilizaciones y enriquecimientos.

La vocación crítica de Betancourt queda de manifiesto con obras como Futuro incierto en la que una sencilla instalación en la que todos los objetos tales como una mesa, silla, vaso, cubiertos y un plato han sido pintados de blanco excepto los “olotes” (mazorcas de maíz sin granos y quemadas), dejan de manifiesto una de las peores tragedias alimenticias que nos depara la inminente desaparición de los ancestrales cultivos de maíz como tradicionalmente los conocemos en América Latina. Considerar al maíz dentro de los bioenergéticos alternativos al petróleo plantea serios problemas para México y repercute directamente en su abasto alimentario. Bajo esta premisa, dejar en manos de la oferta y la demanda del mercado un artículo fundamental de consumo diario como es el maíz, es trazar un camino hacia la carestía y la hambruna. Tema nuevo; preocupación histórica.

En Alteration of the void, libro-objeto realizado en colaboración con el poeta puertorriqueño Ángel Darío Carrero, encontramos esculturas de papel, orgánicas y corpóreas, anudadas caprichosamente. Un falso infierno, una luna navegante, hojas que nunca se secarán, joyería para ornar el tiempo. Su trabajo viaja en el sentido de la evocación de los objetos emulando, incluso en su intertextualidad, los libros que ortodoxamente conocemos como tales.

Alguna vez y ante una situación límite, alguien me dijo que era mejor lanzarse al vacío a esperar a que alguien nos diera un empujón por la espalda. Es cierto. Y Jeannette Betancourt desde hace mucho da saltos al vacío asumiendo el riesgo de la caída permanente. Alejándose de la seguridad de una obra de gusto complaciente, viaja en la dirección que le piden los espacios que desea atrapar con sus piezas, aquellos que una vez dentro se le liberan de las manos para ser autónomos y personalísimos mundos que ella ha creado sin que los pueda educar ni subvertir. Ese es uno de sus muchos alcances, el saber que aquello hecho una vez terminado tiene vida y tiempo propio, ajeno del todo a lo que pueda pasarle a quien le ha creado. Por eso la autonomía en sus piezas nos llama a apropiarnos de ellas visualmente...

Qué ilusos; son ellas las que nos ponen a su servicio desde la primera mirada...


jeanbet@arteven.com
www.arteven.com/jeannette_betancourt.htm

 
     
 
 
 
 

Sólo tienes que pasar el puntero sobre la viñeta para apreciar la obra en tamaño mayor.

 
 

 

1. Transgenic V
Escultura, hule, polvo de hule
23.5 x 23.5 x 103 cm.
2009

2. Heterocronías
Instalcación sonora
Música de Eduardo Roel
2009

3. Caja negra: Relato de un siniestro
Instalación, dimensiones variables
2009 - 2010

 
     
 
 

 

 
   


 
 
       

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