Adriana Calatayud Artista Visual  
     
 

Torturas voluntarias: re-visiones historiográficas de Adriana Calatayud
por Linda Atach

Heredera de las reflexiones de los fotógrafos que darían pie a las más subversivas tendencias en la disciplina a nivel nacional y configurarían una novedosa y mas imaginativa práctica de la fotografía en la década de los setentas y parte de los ochentas, como Adolfo Patiño, Lourdes Almeida y Gerardo Suter, Adriana Calatayud (México 1967) ocupa la pauta fotográfica como un vehiculo de aglutinación de ideas, de búsquedas, de luchas expresivas. Haciendo gala de un pleno conocimiento de la técnica digital, los collages o montajes de Adriana Calatayud ponen en evidencia su condición femenina, no como un agravante, sino como una herramienta de realización.


Provocadora y sugestiva; en términos temáticos, la obra de Calatayud propone una síntesis de la historia, un recorrido físico y cusi-vivencial por los presupuestos del valor del cuerpo, o más bien de la esencia inalienable a éste. Comprometida con los estatutos estéticos, siempre presentes en los ritmos y en la armonía de sus composiciones, la artista ejerce el montaje fotográfico como el lugar de encuentro para la visualidad y el concepto: Calatayud amolda la veracidad de la imagen a la fantasía. Su obra podría entenderse como un conglomerado que, además de ocupar el eje informático-referencial de la fotografía tradicional, asumirlo y re-figurarlo con intervenciones alusivas al pasado clásico, lo despliega, alargando con esta práctica sus posibilidades discursivas y sus fuentes de interpretación.


En la serie Torturas Voluntarias (2008), Adriana Calatayud configura un ejercicio crítico enfocado en las posibilidades cosméticas del cuerpo femenino, sus particularidades y sus paradojas. Construido a partir de la superposición de una selección de dibujos sobre la corrección de posturas y raquitismo, el políptico delibera acerca de la autonomía de la mujer en el tema de su cuerpo, sus sensaciones y su visión del mundo.


El cuerpo, que posa con la gracia y la serenidad de una representación renacentista al mismo tiempo que sucumbe ante las herramientas que buscan generarle belleza, (Calatayud muta el sentido otorgado a estos aparatos ortopédicos), se muestra alienado de sí mismo y hasta plácido: cautivo y mudo, o más bien impedido de hablar, sin practicar la visión por que le está vedada y sin lograr sentir o gozar de sus zonas erógenas por existir a pesar de estar cubiertas por una fuerza negra y consumada, pareciera que el ente femenino estuviese participando concientemente en este ritual de belleza, en esta violación de su intelecto, en este proceso de invalidación de sus realidades físicas.
El contrasentido que resulta de la observación detenida de la mujer de Calatayud nos obliga cuestionarnos en torno a las reacciones que se manifiestan cuando en realidad se está ante un proceso de violentación, lo que nos obliga a entender –aunque no deseemos hacerlo- que la retratada, más que desfallecer ante las intimidaciones de las que es objeto, se exhibe como perpetradora de las invasiones a su propio cuerpo y se ejerce como medio de experimentación y de búsqueda del ideal, del prototipo.


En esta vorágine de estímulos visuales y sentimentales, Calatayud nos fuerza a especular acerca del canon, y, escudriñando en nuestro laberinto de imaginarios visuales entendemos que la génesis del paradigma de la belleza en la mujer ha estado y aún se encuentra determinado por y para el hombre, el arquetipo femenino que se ha encargado de generar tantas bienaventuranzas y desgracias no es ni por asomo, una creación local, sino que viene de lejos, sobrepasa los límites de la inteligencia femenina.

Para las mujeres un primer llamado de atención, para los hombres una advertencia y alocución, el políptico de Adriana Calatayud más que pretender finalizar la serie milenaria de Torturas, que voluntariamente la mujer se auto-infringe, sugiere un re-direccionamiento de las fuentes intelectuales de estas practicas, hacerlo por que así se desea y no por que así “debe” de ser. No, no más.

Linda Atach, Adriana Calatayud: “Torturas Voluntarias”, De la Siega, la enciclopedia libre, Agosto 2008, Arte. http://www.lasiega.org/index.php

 

 
     
 
 
 
 

Sólo tienes que pasar el puntero sobre la viñeta para apreciar la obra en tamaño mayor.

 
 

De la serie: Torturas Voluntarias (libro en acordeón)

14x11x1 cm (doblado)
14x110 cm (estirado)
edición de 1/10 a 10/10
2007

     
 
 

 

 
   


 
 
       

Regreso a página principal...