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Diario
Con un afán de entenderme y entender lo que sucedía en mi vida, comencé a fotodocumentarme, un extenso ejercicio para dejar de mirar a los otros y comenzar a mirarme, exhibirme y exponer mis emociones.
Una obsesión de preservar la memoria, mis espacios y mis seres cercanos, una lucha contra el olvido, pero sobre todo contra la pérdida.
Miedos
La angustia del abandono, la muerte, la desolación
y la fragilidad, rondan mi cabeza como mis peores pesadillas
y constantemente me pregunto ¿se
pueden convertir en realidad?
Acaso la fotografía no es documento? entonces porque
fotografiar algo que nunca sucedió, intento inventar historias de las cuales desearía
escapar. Mis autorretratos reflejan una constante preocupación
de vivir en este mundo tan hostil y violento, pareciera
que lo único que me queda es mirar hacia
adentro y la culpa me carcome para darme cuenta que soy
tan fantasiosa,
inverosímil pero sobre todo vulnerable.
Termino siendo tan absurda que a veces creo que esos miedos
los he alimentado cotidianamente con la nota roja; una
fascinación escondida, mezclada entre el
morbo y el pavor, para terminar pensando esto no me sucedió a
mi. Así, vuelvo a mis preguntas ¿y sí esa soy yo?, mi interés
entonces crece y me enfrentó al acto fotográfico
sin importar los resultados; el miedo estaba ahí, junto a mi, al estar debajo de una sábana,
muerta después de un accidente, el colgarme de un árbol
y el mirar mis ropas después del abandono.
Transformó esos espacio para cambiar su contexto, para hacerlos tan míos
como mis recuerdos de lo que fue o de lo que llego a sucederme
al momento de
hacer la toma fotográfica y así poder conciliar
con mis miedos, solo para que no terminen aniquilándome. |
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