Lola Álvarez Bravo Fotógrafa  
     
 

Imagen tomada de http://www.amourfou.at/subs/filme/vista/pics/Ana-Casas-Broda.jpg

 

Lo trabajoso del retrato
"La fotografía, un placer interno".
Conversación con Manuel Fernández Perera.
en Lola Alvarez Bravo. Recuento fotográfico,
México, Editorial Penélope, 1982.

Con los retratos es especialmente trabajoso, porque la cámara es terriblemente impresionante por indiscreta. Yo siento y creo que todo el mundo siente que cuando tú estás viéndolo a través de una cámara, lo estás analizando toditito, estás viendo si la ceja es perfecta, si el ojo brilla, si está gordo, si está flaco, si es guapo, si es feo, si quién sabe qué. A lo mejor por eso la gente pone siempre una cara de retrato rarísima, y hay que manipularla, ablan-darla, platicarle, distraerla hasta que se despoja de esa impresión terrible de la cá-mara y empieza a ser ella de nuevo, a relajarse. Entonces es cuando se puede aprovechar y sacar, no la imagen física, dura y fría, sino a la verdadera persona. Eso es lo que he hecho a lo largo de mi carrera.

En ocasiones, la precipitación o el entusiasmo que pones en lo que estás fotogra-fiando te puede hacer descuidar algún pequeño detalle, y a la hora de hacer las co-pias nada más dices: "que barbaridad, cómo no me fijé que se metía eso, que me estorbaba esa piedra" (tengo, por ejemplo, el retrato de una señora amiga mía, un retrato muy bonito pero en el que parece que ella está cargando una piedra con la cabeza). Uno tiene que tener en cuenta todas esas cosas venciendo el entusiasmo y la precipitación. Aunque por más esfuerzos, por más que se crea haber eliminado esos dos factores, hay veces en que una forma o un objeto te ganan y concentras toda tu mirada, todo tu punto de vista, en ellos, sin estar, como uno supuestamente debe, viendo que todo lo que enmarca ese objeto o sujeto primordial quede per-fectamente compuesto y que no haya nada que le estorbe o que le robe interés. Pero tampoco puedo decir que soy partidaria de ese cálculo frío, helado a veces, que sopesa todos los elementos casi con báscula y que produce fotografías magníficas, intachables en su composición, sin que un solo milímetro quede desafocado, con una luz maravillosa y todo lo que tú quieras, pero que con mucha frecuencia te da una maravilla plástica sin ninguna emoción, sin un solo aspecto que te recuerde que esa obra maestra la hizo una persona y no una máquina. Una fotografía "pura", digamos. Claro que así como te digo esto, así te puede pasar lo contrario. Hace poco quise tomar a un grupo familiar (una señora con sus hijos en escalerita, todos comiendo chicharrón, y arriba un señor parado viéndolos). La fotografía estaba preciosa de luz, muy bien compuesta, y me fui. En el momento justo, el hombre se movió y ya no pude volver a afocar. No me sirvió la fotografía, se me fue. El entusiasmo me hizo disparar sin lograrla . Son cosas que suceden . Pero, personal mente, voy más al tipo de fotografía que incluye, junto con el cuidado y la atención, la emoción del elemento humano.

Hay veces en que el entusiasmo sí me da. Sobre todo cuando tengo suficiente seguridad y puedo darme un poco de tiempo para controlar la situación , cuando puedo esperar y estar, digamos, tanteando a los sujetos. Me paro enfrente de un sujeto que me interesa mucho, lo veo, empiezo dizque a afocar el cielo o el poste o para allá o para acá. Al principio como que se las huelen, se desconciertan mucho con la cámara, pero después no saben ni qué estoy fotografiando , porque como estoy viendo para todos lados , de repente creen que es el cielo , de repente creen que es otra cosa, y mientras, me hago de suficiente tranquilidad y tiempo para que se distraigan y obtenga así el momento oportuno de disparar el obturador.

Para mí una fotografía siempre es vivencia. En las famosas tarjetas de visita, por ejemplo, retrocedo y empiezo como a reconstruir ayudada por la foto, sobre todo si es de esas muy bonitas, de las muy bien hechas de los fotógrafos muy buenos que hubo en México en aquella época. Ahí puede verse cómo se vestía la gente, qué actitudes tomaba, cuál era su carácter, su extracción social. Esa es la preocupación de Romualdo García, que siempre quiso hacer retratos de todos sus sujetos y no simples fotografías. Ahora no. Si tú pasas hoy por un aparador de cualquier fotógrafo profesional, de esos de "estudio fotográfico", y le das una ojeada a la vitrina donde anuncia su trabajo con muestras, no encuentras ni un solo retrato.

No se preocupan por ir un poco más lejos , por traspasar la piel del sujeto, por investigar de quién se trata, qué posición o encuadre lo mostraría más íntegramente. Claro que la mayor parte de ese trabajo es para los papeles personales del cliente, y con exigencias de tamaño y todo , pero igual sucede con las que les toman a los novios o a las familias. Si tú comparas las primeras fotografías profesionales con lo que se hace ahora, te darás cuenta de lo que se ha perdido simplemente en el gusto, en la preocupación por hacer de algo que va a tener un uso cotidiano un objeto hermoso, cuidad , con un reflejo de la person alidad del propietario.

En los principios de la fotografía en México, es decir, cuando empezaron a im portar cámaras los señores más pudientes, algunos de los cuales se volvieron profesionales, la gente que se iba a retratar lo tomaba como un ritual. Para ir a retratarse, se preparaba enormemente, se condicionaba mentalmente pensando que si se iba el retrato quedaría para la mamá, y mucho más si se trataba de un acontecimiento familiar, del que la foto quedaría como recuerdo que forzosamente reflejara su importancia.

Entonces las personas se preparaban, iban expresamente a buscar un vestido, a hacerse un peinaao, a buscar lo que pudiera engalanarlas. Era un ritual tan importante como la vestida de los niños para el bautizo. La fotografía adquirió una categoría muy especial y se tomó muy en cuenta como documento. Estas fotografías en especial son para mí una vivencia extraordinaria, todo un recorrido lleno de sensaciones y descubrimientos, quizá hasta un modo de accionar la imaginación y recrear un momento ido una época pasada. La fotografía lucha, tiene un reto; no de eternizar. sino de hacer sobrevivir más tiempo el acto, la persona
o el acontecimiento.

 
     
 
 
 
 
 
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Retratos hechos en la década de los '40

1. Rosario Castellanos
1925 - 1974

2. Lilia Carrillo
1930 - 1974

3. Guadalupe Amor
1920

     
 
   
 
       

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