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El Código Gris

Miércoles, 18 Diciembre 2013 11:02 Escrito por Luis Ramaggio, Crítico de arte

Abrir un símbolo, es abrir una puerta. Nunca lo contrario.

Pareciera una epistemología de lo imposible, o una hermenéutica plástico-literaria eso que retrata Rocío Caballero. Pero reparo en que no sólo retrata; con su trabajo, revisa, señala y significa. ¿Qué? –Lo ignoro. Pero sus misteriosos objetos de inspiración acaban siempre, magistralmente bien disfrazados de figura, lógica y realidad. Mundos sin rumbo, espacios sin nombre, tiempos transparentes y una multitud de personajes-idea componen esa solemne iconología fantástica que la autora pertiene en su perversa cultura contextual.
 
Sus composiciones tienen poco qué ver con lo que uno pensaría a simple vista; aunque sugieren cierto acomodo literario de los elementos y una certera caracterización epistolar, Rocío Caballero nos hace trampa. Una vez que la mirada se adentra en la profundidad de sus boscosos discursos plásticos, aparecen signos que no pertenecen a lo literario; sensaciones orgánicas, ideas pervertidas, ruidos y alguno que otro indicio de extravío dimensional. Quiero decir, aunque su trabajo habita un claro lugar en la figuración, sus tratamientos quasi-esotéricos del color y el volumen provocan que la mirada se pervierta como en una pintura abstracta.
Signos presentes en su trabajo son el suspenso, la magia, el dolor, la penumbra, el vacío, la humanidad desafiada, el escarnio, la evocación, lo urbano, lo sagrado, la transgresión conceptual, el erotismo, la fantasía, y por supuesto la revelación. Planos sublimados en planos soportan la lectura conceptual de sus pinturas. Siempre pasa algo fatal o importante en sus descripciones plásticas; derrotas, choques entre realidades, desafíos y mitogonías van llenando esa consistencia dramática.
 
Me gustaría desprender de la materia el signo y escarbar enloquecido entre la masa que conforma sus epístolas y tantas paradojas dimensionales para ver cuál es ese valor abstracto que ella hace fraguar en tan correctísimas formas figurativas. Porque, muy acorde con el título, la serie EL Código Gris manifiesta un precioso valor cautivo por debajo, o encriptado en justamente esos trazos precisos que insisten en connotar verdad.
 
Pero no voy a hacer lo mismo que ella, porque a mí, me da miedo invocar mundos de los que no puedo volver; hurgando en la descripción de su discurso noto, que como al entrar en una iglesia, en un templo extraño o en alguna dimensión paralela, sus composiciones arrebatan de la mirada un aliento fundamental; el juicio. Rocío Caballero tiene la capacidad de conmover sustratos anímicos y principios racionales en un arrebato. Sus pinturas navegan entre aguas profundas de la psique humana y la perversión conceptual; insisto en que la resignificación de ciertos símbolos y el desdoble emocional son claros umbrales en su obra. Interpreto el código gris: la explosión del ser frente al yugo de la realidad. Porque, tal es la perseverancia de su tiempo discursivo, que uno puede sin temor, creer en lo que ve.
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