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Dos hermanas, dos historias

Domingo, 25 Mayo 2014 13:35 Escrito por Lourdes de León Paquel / CIESAS Sureste

Hace 25 años Xunka' López Díaz llegó a San Cristobal de las Casas en las primeras migraciones que se documentan por expulsiones religiosas. Tenía sólo cuatro años cuando salió de su comunidad pero su narración autobiográfica entreteje con fuerza e intensidad su voz con la de sus padres en una historia que en la que busca ser reconocida como mujer, como chamula, y como evangelista. ¿Quien es Xunka'? Xunka' representa a una de cientos de mujeres indígenas que han salido de sus comunidades por razones religiosas, políticas o económicas. Mujeres que han crecido entre el pasado y el presente rehaciendo su identidad: ayer viviendo de la tierra, ahora viviendo del dinero para comprar y vender por las calles. Niñas que salieron del espacio verde para entrar en cuartos de cemento y espacios urbanos. Niñas que ya no tienen a la abuela o a la tía para aprender a tejer o a tortear, ahora ellas son el pilar de su casa. Mujeres que viven con la nostalgia de la tierra en la que ya no pudieron sembrar ni cosechar. Mujeres fuertes y creativas que conquistan nuevos espacios con el trabajo de sus manos, portando su traje chamula y sus palabras tzotziles.

En esta historia vemos a tres generaciones de mujeres. La madre, Xunka' y su hermanita Cristina. ¿Dónde está la madre? En la historia de Xunka' su madre estuvo en Chamula enferma y con pesares y después está en las calles de San Cristobal aprendiendo a vender, buscando sustento, y siempre ausente de su casa. Xunka' está aislada en un cuarto cocinando, lavando y cargando a sus hermanitos, esperando a que regresen los padres. De la soledad de la casa, aparece la primera red social en la vida de Xunka' en la escuela de la colonia Nueva Esperanza conoce a otras niñas que le enseñan a trenzar pulseras y cinturones. Estas niñas y sus hermanos andan por las calles de San Cristobal de amanecer a anochecer buscando recursos para el sostenimiento de sus familias. Unos venden chicles y dulces, otras comida, otras artesanías, otros que bolean zapatos en la calle. A los 16 años, después de terminar la primaria Xunka sale a las calles para vender por casi nueve años. Se enfrenta como mujer ante los hombres agresivos, aprende a defenderse y en las redes de mujeres que la apoyan, encuentra un espacio para conformar una nueva identidad: enseñar a leer a otras mujeres que no saben español.

Es fascinante esta transición de espacios en donde las redes “naturales” se encuentran con redes organizadas de apoyo. Aquí la escolaridad juega un papel importante y se vuelve la nueva guía para las nuevas etapas. Cabe mencionar, sin embargo, que la escolaridad de Xunka’ no es representativa de los niños de familias migrantes. Según un estudio reciente sobre los niños de familias migrantes, de una muestra de 823 niños y niñas solo el 50% asiste a la escuela. Los varones tienen más escolaridad que las niñas, y el índice de los que terminan la primaria es bajo. 1

En este sentido, el cado de Xunka’ no es el común pero es justamente su experiencia escolar la que la conduce a encontrar otros caminos para construir su proyecto, enseñar a leer y llegar a ser fotógrafa. Al pasar de vendedora de artesanías a lectora y fotógrafa se inserta en otro tiempo que le permite tomar la perspectiva de la narradora y la etnógrafa, la que se mira así misma y mira a los demás. Xunka’ empieza a narrar su propia historia en su trabajo fotográfico y en sus textos. Destaca su preocupación por las historias tradicionales chamulas y la tierra.

En la mirada del presente libro están Xunka’ y su hermana Cristina, la hermana mayor proviene de un tiempo esgarrado en el pasado, la menor vive en un nuevo tiempo retejido. Narrado por el ojo de Xunka’, Cristina habita sus espacios y puede ser niña: juega y aprende a su paso. Xunka’ la contempla al peinarse, coser o lavar. Cristina es una nueva niña Chamula.Nació en la ciudad y tiene una casa, un padre carpintero, una madre vendedora, una hermana fotógrafa y otros hermanos que la acompañan en su andar cotidiano. Le bordan su ropa, o le enseñan a trenzar pulseras y cinturones. En Cristina Xunka’ ve un nuevo presente donde parece haber sanado la herida de la expulsión y la pérdida del pasado. Las dos hermanas de dos generaciones distintas encuentran su propio lugar en una ciudad en la que en los últimos años la población indígena de San Cristobal ha incrementado a casi la tercera parte de la población total. 2

En esta ciudad está Cristina frente a nuevos retos pero plantada en su propia tierra. Este libro es de Cristina y Xunka’, dos hermanas con dos historias entretejidas, la de ayer y la de hoy.

1. Figueroa Fuentes, Patricia (coordinadora) 1119. Rumbo a la calle… El trabajo infantil, una estrategia de sobrevivencia. San Cristobal de las Casas, Chiapas. Caridad y educación integral, A.C. pp. 66-67
2. Para estadísticas sobre la población infantil indígena y las familias migrantes véase el estudio de Figueroa Fuentes, Patricia (coordinadora) 1999. Op. Cit.
    

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