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Desierto mar

Miércoles, 12 Marzo 2014 09:54 Escrito por Angélica Escoto

Para no perderse, enajenarse, en el desierto hay que encerrar dentro de sí el desierto. Hay que adentrar, interiorizar el desierto en el alma, en la mente, en los sentidos mismos, aguzando el oído en detrimento de la vista para evitar los espejismos y escuchar las voces".
María Zambrano, Bienaventurados

Elijo la Península de Baja California para reflexionar el sentido y la existencia de un desierto como analogía de un proceso personal. Desierto mar es una mirada a mi interior a través de la fotografía, es la huella física de un referente único: la memoria.

En ése paisaje inhóspito mi pulsión fotográfica se presentó como un deseo deliberado para salir de la rutina citadina y no es hasta ocho años después cuando reviso mis negativos que descubro que en Desierto mar está el soporte a mi memoria como fotografía y mi fotografía como memoria.

Las imágenes forman una crónica exploratoria de un confín exótico en ese ecosistema único, dramático y lleno de sorpresas infinitas. La complejidad de su belleza estructura mi férreo monólogo sobre la dualidad der ser madre y equilibro en esa luz pura y presuntuosa los ciclos de abundancia y escasez de mis sentimientos.
"¿Dónde principia el viaje?" Se pregunta Cavafis en su famoso poema a Itaca, y se responde azorado que la travesía es la esencia misma del viaje.

Asumo el desierto en mis ojos en los largos e inacabables viajes con la familia y en el trayecto, decido contemplarlo con mi cámara análoga, el gozo de la espera por este acto fotográfico se entrelazan íntimamente con el paisaje símbolo de creación, introspección, inmensidad, soledad, muerte, fantasmas y espejismos.
En esta "isla biológica", con asombroso y extravagante hábitat, estructuro mis enfrentamientos y descubro la sexualidad en la flora, la fuerza y fragilidad en la fauna, los juegos rutinarios de mis hijas en un diario onírico, y el desosiego de estar entre la línea del mar y el desierto.

"Desierto mar" es un viaje de vida. Mis dos hijas, Tony –mi compañero- y yo recorremos la península bajacaliforniana desde el 2002 tres veces por año ininterrumpidamente sin apresurar nunca la llegada como aconseja Cavafis.

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