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Apuntes para un retablo universal

Miércoles, 19 Febrero 2014 21:24 Escrito por Ernesto Sosa

La fragmentación del plano pictórico en la obra de Laura Quintanilla conlleva una equivalencia con los nichos de los retablos barrocos que poseen autonomía y significado propio dentro del contexto que los sustenta. Pero en general su trabajo remite a un retablo de una abigarrada confluencia de imágenes y símbolos. La profusión de elementos y su riqueza simbólica sólo puede ser comparada a esas suntuosas representaciones de las glorias celestiales con sus fantasmagóricos excesos visuales.

Además de este paralelismo evidente en el plano iconográfico hay una semejanza de atmósfera que quizá podemos atribuir a la técnica de encausto y chapopote utilizada por la artista. El contraste de matices y transparencias crea un efecto volumétrico en un espacio de escasa profundidad, y las tonalidades lumínicas delimitan los variados planos que componen la obra. Estos retablos contienen un variopinto repertorio de imágenes que han pasado por el tamiz de la artista.
 
En sus cuadros se funden referencias del Bosco, de la pintura metafísica y de la imaginería popular. Se dan cita las cosmogonías orientales y los símbolos esotéricos, pululan afanosos homúnculos en febril actividad o desfilan animales fantásticos de un improbable circo metafísico; flotan objetos y se superponen escenas de hombres atrapados en sueños. En diferentes tradiciones religiosas o propiamente esotéricas, el círculo constituye la representación primigenia del todo y también símbolo del devenir. En los trabajos de Laura Quintanilla estos círculos celestes que parecen regir el transcurrir de lo humano nos refieren a un incesante movimiento, todo gira como en un pasmoso carrusel; mundos, seres, ideas y cosas se suceden en este movimiento circular como parte del eterno retorno de todas las cosas.
 
En su pintura son perceptibles las oposiciones simbólicas que pueden guiarnos en la ruta de su lectura, oposiciones que no son de ninguna manera absolutas, pues a veces se reconcilian y armonizan. Los pequeños constructores que aparecen en algunos cuadros llevan a cabo tareas titánicas, son como artífices de dioses y universos; hay asfixiantes espacios cerrados que se contienen unos a otros como muñecas rusas, en escenarios infinitos; hay un afuera y un adentro claramente delimitados que después pierden sentido.
 
El trabajo de Quintanilla exige una degustación, una lectura cuidadosa que nos lleva a la develación de sus múltiples significados ocultos.La epifanía de los símbolos parecería dejar en claro muchas cosas, pero aún cuando creamos haber descifrado todos, una nueva mirada reconstituirá su misterio original y los infinitos elementos de este retablo universal.
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