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Ambra Polidori: A salvarnos de la displicencia

Viernes, 24 Enero 2014 13:30 Escrito por Angélica Abelleyra  
 
¿Es la violencia un ritual continuo ante nuestra indiferencia y nuestro silencio? ¿Puede una imagen ser un exhorto a la compasión, a la solidaridad y a la resistencia?
 
Con su fotografía construida, con sus instalaciones sonoras y sus videos, Ambra Polidori (DF, 1954)  se pregunta y, sin siquiera responder, nos confronta. Aborda el concepto de territorio, explora en la geografía interna de los desplazados, recorre los paisajes mentales de los diferentes y nos ofrece un abanico de metáforas visuales para salvarnos de la displicencia.
 
Formada en los círculos de la Universidad Nacional Autónoma de México en literatura hispánica y filología, desde muy joven le atrajo el universo inabarcable de la imagen, ese que comenzó a mirar en pinturas, fotografías, esculturas y películas de los más disímbolos autores, colores y texturas.
 
Primero, abordó ese interés mediante la escritura en el diario unomásuno y en diversas revistas y catálogos, desde 1977. Después, en la década de los 80, tomó la cámara y comenzó a enfocar en aquellos escenarios que alimentan su incertidumbre: la guerra, el prejuicio  ante lo ajeno y la resistencia ante la apatía.
 
Y, aunque ella misma la define como su vocación “tardía” y plenamente autodidacta, se zambulló en las arenas creativas de la foto para fragmentar cuerpos, rostros y paisajes.
 
¿Por qué la fragmentación? Porque siempre seleccionamos al mirar, porque ponemos énfasis en el pliegue de la montaña, en el hueso que es fémur y no masacre vuelta cementerio, en la prolongación de la curva de la carretera, o en la blanquecina luz sobre el colchón desvencijado.
 
Y así, enfocando en geografías y en humanidades, viendo no una, sino muchas verdades, Ambra digitaliza imágenes de Ruanda, de la antigua Yugoslavia, Chiapas, Vietnam, Camboya y Chechenia, para situar a ancianas enfermas y a niños tristes entre refugios destruidos y ríos aptos para la faena de lavandería. Lo mismo en CD ROM que en instalaciones o en la convencional exhibición de fotos fijas, de forma sutil intenta dar armonía a los fragmentos. No busca ofrecer un documento directo de-la-guerra porque no es reportera gráfica; tampoco es filósofa y menos historiadora, pero se vale de dichas especialidades para darle un sentido unitario y conceptual a cada obra como parte de un discurso.
 
Por eso ha tomado de la mano la desolación de Francis Bacon o el sentido del silencio de John Cage; los aforismos de Edmond Jabes y las disertaciones de Ludwig Wittgenstein, para que esas reflexiones alimenten sus propias inquietudes en torno de la otredad errante, rechazada.
 
En 1985 Polidori empezó a exponer de forma colectiva en museos de México, Francia, Italia y Estados Unidos. De forma individual ha intervenido en salas de la ciudad de México, París, Milán y Nueva York, a partir del 91. En Palermo ganó el Primer Premio Immagine Donna, organizado por la UDI/ Mandragola y ARCI. Su obra forma parte de las colecciones del Museo del Barrio de Nueva York, la Biblioteca Nacional de París, la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Bergamo, del Centro Cultural de México en  París y de los museos del Chopo, Carrillo Gil y Amparo, en el DF y Puebla, respectivamente.
 
Texto publicado originalmente en La Jornada Semanal (10/junio/2001)
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