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La novia niña

Jueves, 09 Enero 2014 20:47 Escrito por Ana Quiroz

“Del amor se puede decir todo y no se sabe que decir.” Jean Baudrillard
 
El amor, la seducción, la liberación del deseo y del sexo han modificado drásticamente las conductas y la moral de las sociedades en los últimos dos siglos.
 
“La novia niña” es una escenografía que parece narrar cual bitácora, pasajes de la vida re-construidos con metales y prendas femeninas intervenidas con un sinnúmero de figuras, clavos o letras. Hay una sensación extraña, al mismo tiempo íntima y ajena, desgarrante y meticulosa. Una constante visión femenina que rasga profundo en las regiones del deber ser de la mujer. Sin buscar respuestas Ornella Ridone cuestiona el amor de pareja, la institución del matrimonio y la repetición de los comportamientos humanos.
 
Cada cuadro semeja un esquema, una especie de ajuar prendido del mundo de las ilusiones y las desilusiones. El blanco, aunque viejo y corroído, es la ineludible afirmación de la virgen que deja de ser virgen, sea niña, medio niña o pocas veces adulta.
 
Los objetos ensamblados remiten constantemente al cuerpo, combinando en el fondo un metal frío con el orden exquisito de la geometrías de la ropa. A través de las rayas punteadas de los patrones, las líneas parecen ordenar las cosas y construir la belleza. Cosidas con mucha paciencia hay imágenes biográficas de la artista, o pequeñas ilustraciones que pertenecen a la memoria mediática común de la mujer actual. Los clavos y otros metales, utilizados anteriormente en su obra, penetran las prendas cual dagas que con el tiempo todo deterioran y todo cambian. La sangre chorrea, ahora coloreada en óxidos, dando una sensación a ritual.
 
Resulta frágil, melancólico y dolido: las sutiles costuras, los estambres e hilos que hilvanan símbolos como historias, la cera y la caligrafía que tiemblan ante la experiencia de existir.
 
El tiempo marca rápidamente el paso. El juego va deshaciendo el deseo. Surgen las desazones del alma y del corazón, los fracasos y la caída de las grandes utopías. Ante la ilusión desparecida se presenta una realidad desgarrada. Quedan cual testigos estos fetiches engendrados de anhelos, estos sudarios de cuestionamientos sobre el amor dual.
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