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Plaza de la soledad

Miércoles, 18 Diciembre 2013 20:15 Escrito por Angélica Abelleyra

Seguir huellas de vida

Le gusta descubrir vidas: develar cuerpos que, más allá de piel y sexo, son testigos de desamor y anhelos; adivinar las historias truncas de niñas desaparecidas; hurgar en la memoria de los familiares que permanecieron, igualmente heridos y vulnerados; capturar los suspiros que conforman los paisajes y penetrar en las entrañas de lo que ve, trascendiendo la imagen capturada.

A Maya Goded (DF, 1967) le importa comunicar. Pero más que con palabras lo hace con fotografía. Siempre visual, decidió desde niña expresarse con imágenes pues era testigo de sucesos que debían estar en secreto. Su familia de refugiados españoles estuvo ligada a la política. Su padre fue encarcelado en el 68 y Maya no podía platicarlo en la escuela. Y, así como ésta, muchas situaciones las observaba sin hablar. “Siempre tenía la duda de que si lo que veía era verdad. Decidí tener las pruebas”. Así, a partir de la investigación con sus estudios en sociología, la foto acabó por convertirse en su prueba de lo ocurrido.

Su formación técnica fue en la Escuela Activa de Fotografía, el Consejo Mexicano de Fotografía y talleres de verano en Nueva York. Sin embargo su aprendizaje integral se dio con Graciela Iturbide para armar proyectos, recibir crítica dura, acercarse a la gente y establecer un nexo entre vida y trabajo.

Por eso, de la misma manera que Iturbide espejea en su obra sus momentos vitales, Goded refleja en sus series fotográficas los instantes personales llenos de luz o nubes de tristeza. A veces –dice- se espanta al recorrer las imágenes que ha captado de la ciudad de México (1997-2004), llenas de desolación y falsedad. Esa serie gris coincidió con una etapa personal dura, donde se sentía vulnerable. Otra serie que la marcó fue entorno de mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez y Saltillo (2004-2005), a partir de la vida de sus familias, los recuerdos, la tristeza y rabia. Por fortuna, desarrolló de forma paralela otros proyectos, como el de prostitutas en La Merced, el amor / desamor (1996-2000) que a pesar de contener pasajes crueles, vislumbran cierta esperanza.

En estas series y anteriores, como aquella célebre de la negritud en las costas de México (Tierra negra), busca capturar los paisajes geográficos y humanos, siempre rompiendo prototipos de belleza o edad. Investiga, reúne testimonios, ahonda en la vida de los seres y se involucra en su forma de sentir, estrategias que aprendió como socióloga de la UNAM y en su paso por el Instituto Nacional Indigenista y la Dirección de Culturas Populares.

Ganadora de los premios internacionales Mother Jones, Eugene Smith y la Beca Guggenheim, forma parte de la prestigiosa agencia fotográfica Mágnum. Allí tiene el menor rango, sonríe, “mucha libertad y pocos derechos pero estar allí te abre puertas en el mundo”. Ser parte del equipo le ha ayudado a funcionar bajo presión, sentirse menos insegura al dar pláticas y confrontar su trabajo. (Cabe señalar que Maya es la única latinoamericana en Magnum, lista a la que se añaden pocas mujeres: la francesa Lise Sarfati, la belga Martine Franck, y las estadunidenses Eve Arnold y Susan Meiselas. Por otra parte, de LA están los brasileños Sebastiao Salgado y Miguel Rio Branco).

La maternidad le cambió su visión, la hace sentirse más vulnerable. También le ayuda a enfocar cada proyecto y evitar la dispersión que tan bien se le da. Por eso se mantiene abierta a lo que la vida le conduce aunque en el camino haya recovecos de letargo y perdición que la lleven a senderos de sorpresa.

Texto publicado originalmente en La Jornada Semanal (22/mayo/2005)
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