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Umbrales

Miércoles, 18 Diciembre 2013 19:36 Escrito por Erik Castillo

Manuela Generali produce pintura en su taller rodeada, visitada, atenazada por dos fuerzas casi en desuso si miramos los modos de ser y hacer de muchos artistas en la escena actual: la de la incertidumbre elegida por alguien que no pinta bajo un sistema determinado o un discurso determinante, y la del manantial que la pintora va dejando fluir desde los episodios de su historia personal para luego ocultarlo en los cuadros. Durante un periodo creativo de casi treinta años, Manuela ha creado numerosas y diversas series pictóricas, unas veces consecutivas entre sí, otras veces discontinuas; ciclos visuales que dejan en el espectador la sensación de ser el testigo de acontecimientos siempre elusivos, el explorador de parajes que suceden en una dimensión interior o el habitante de entornos lacónicos, sitios para la visión en donde a la ligereza de lo indeterminado la pintora imprimió el estigma de una sencillez majestuosa.

Manuela
Por Guillermo Samperio

Sin rastrear el límite del universo se puede llegar a la línea desde la cual contemplar su infinitud: cada fragmento de lo visible es una muestra de lo infinito. La obra de Manuela Generali, ha pasado por los diferentes encuadres de nuestra realidad: el cuerpo, la arquitectura, el paisaje; su tratamiento pictórico nos coloca ante la infinitud de lo visible.


Las pinturas de Manuela recorren el camino de la abstracción aunque, siendo mas fieles al proceso seguido por la artista, diríamos que la abstracción es usada para invocar a la figuración; de cualquier forma, el resultado es un híbrido lleno de ricos fragmentos de infinitud. Busca llegar al limite, explora las posibilidades últimas de la figuración con los aportes estilísticos de la abstracción. Señala, con el mismo gesto de los románticos, las brumas indescifrables y los destellos cegadores.

Apunta a la inacabable tarea de redefinir el paisaje, la fauna, las ciudades, renunciando y declarando imposible consignar a detalle nuestra realidad con siluetas razonablemente definidas. Su pensamiento se dirige a lo inabarcable, a lo que sentimos avasallador por su fuerza: el caos del universo como un supremo orden oculto. Reflexión firmada por el desordenado impulso del pincel, adquiriendo sentido al formar parte de la totalidad de la pintura; que en forma estricta, lo sublime no puede ser pintado, sólo es sugerido, rodeado y aludido. Y esta imposibilidad, inflamada por Manuela Generali, se convierte, ante nuestros asombrados ojos, en silencio que se hace escuchar.
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