Rosa Chillante

Introducción

En más de una ocasión les he sugerido a los artistas chavos que si no encuentran espacios para exponer los abran o, que si no hay quien escriba sobre su trabajo, que agarren al toro por los cuernos. Siguiendo mi propio consejo, escribí este relato sobre las performanceras mexicanas a partir de los años setentas, que es cuando yo empecé a producir y a observar lo que sucedía a mi alrededor.

Coincidentemente, es esa época en la que el performance o arte acción adquiere forma como género independiente en nuestro país, y es también el momento en el que las mujeres artistas empezamos a denunciar el sexismo en el arte y en la sociedad, desarrollando propuestas artísticas con un fuerte contenido feminista, o como dirían hoy «de género».

Aquí cuento lo que he vivido y lo que he visto. Es un relato en primera persona. No podía ser de otra forma por varias razones, entre ellas, a que casi no hay documentos sobre los que me pudiera basar con un mayor distanciamiento. Ese material simple y sencillamente no existe. Las principales fuentes de información son la memoria, las conversaciones íntimas, el haber sido testigo de los hechos y, los documentos que nosotras mismas generamos. La cercanía me da el derecho y la obligación de hablar en primera persona. En ese sentido, este texto es subjetivo y soy la primera en lamentar las ausencias de algunas artistas y la visión parcial de las que incluyo.

Por otro lado, como el principal soporte del arte acción es el cuerpo de la artista siempre tiene algo de autobiográfico. No olvidemos que el performance no pretende representar la realidad, sino intervenirla a partir de acciones. En general, el performance es un arte en primera persona y resulta lógico analizarlo a partir de una estructura análoga.

Espero transmitir el asombro que me han producido los cambios que he visto en las artes visuales en las últimas décadas, particularmente en el performance y el entusiasmo que siento por el trabajo de mis colegas.

Agradezco, en primer lugar a las artistas que generosamente han compartido conmigo su trabajo. A Lorena Zamora y Ana Victoria Jiménez que desde los inicios de este proyecto me hicieron favor de leer el manuscrito y hacer sugerencias. A Víctor Lerma y a nuestros hijos Adán y Yuruen quecuando no rechecaban el texto, me acompañaban a ver los performances o a las conferencias que dieron lugar a este texto. A Leonardo Mayer, mi papá y a mi hermano Antonio por su apoyo de siempre. Al Instituto Anglo Mexicano de Cultura, AC ahora The Anglo Mexican Foundation, AC por patrocinar parte de la investigación y en particular a Sue Chapman por su apoyo. A los fotógrafos cuyas imágenes sirvieron para ilustrar el trabajo de las performanceras. Y, por último, al Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales en el año 2003, por el apoyo para la publicación de este libro.